Parabolas
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PABLO El apóstol de los gentiles.
1. Origen y familia.
Su nombre judío era Saulo. Saulo recibe en Hechos el nombre de Pablo. En sus epístolas, el apóstol siempre se llama a sí mismo Pablo. Se ha venido a suponer, por parte de algunos, que eligió el nombre de Pablo debido a la conversión del procónsul. Se trata de una afirmación muy poco probable, y que no tiene en cuenta la manera en que Lucas introduce en los Hechos el nombre romano del apóstol; de hecho, lo emplea a partir del instante en que da comienzo entre los gentiles la obra de aquel a quien ellos conocían como Pablo. Desde el principio Pablo habría tenido ambos nombres. No se conoce con certeza la razón de que su familia se estableciera en Tarso. Una tradición muy antigua informa que salieron de Gischala, en Galilea, cuando los romanos se apoderaron de esta ciudad. El hijo de la hermana de Pablo (que parece que residía en Jerusalén, posiblemente con su madre), denunció ante el tribuno el complot tramado contra su tío. Lo importante del papel de Pablo, a pesar de su juventud, durante el martirio de Esteban, apoya esta suposición. Es indudable que Pablo era ya miembro del sanedrín (Hch. 26:10), y el sumo sacerdote le encomendó la misión de que persiguiera a los cristianos (9:1, 2; 22:5). Las mismas palabras del apóstol (Fil. 3:4–7) prueban que, siendo un personaje importante, y teniendo en el comienzo mismo de su carrera la perspectiva de honores y fortuna, no pertenecía precisamente a una familia oscura. Su condición de ciudadano romano le fue de utilidad en su apostolado y le salvó la vida en más de una ocasión.
2. Formación moral e intelectual.
Es muy poco probable que Pablo acudiera a escuelas griegas; sus padres, austeros judíos, lo enviaron de joven a estudiar en Jerusalén. El joven Saulo no estudió solamente el AT, sino también las sutilezas de las interpretaciones rabínicas. Se lanzó ardorosamente dentro del seno del judaísmo, animado de un excesivo celo por las tradiciones de sus padres (Gá. 1:14). Versado en la religión y en la cultura judías, sumamente dotado, miembro de una familia distinguida, el ferviente joven fariseo estaba preparado para grandes logros en el seno de su pueblo.
3. Saulo el perseguidor.
El joven participó en el deliberado propósito de llevar a cabo aquella muerte (8:1). Saulo fue seguramente uno de los judíos helenistas mencionados en Hch. 6:9–14 como instigadores del martirio. Es evidente que Pablo ya aborrecía entonces a los adeptos de aquella nueva secta, menospreciando a su Mesías, y que los estimaba peligrosos tanto sobre el plano político como sobre el religioso. Saulo organizó la persecución contra los cristianos. Su conciencia ofuscada lo llevó a actuar con el encarnizamiento de un inquisidor. Pidió cartas del sumo sacerdote para las sinagogas de Damasco, a fin de llevar presos a Jerusalén a los cristianos de origen judío, a los que quería llevar cargados de cadenas. La intervención de Pablo en esta ciudad. Aborrecía a los cristianos, y creía estar sirviendo a Dios al perseguirlos.
4. La repentina conversión de Saulo en el camino de Damasco.
El perseguidor y sus compañeros siguieron, probablemente a caballo, el camino que iba de Galilea a Damasco. Repentinamente apareció en el cielo una luz fulgurante, empalideciendo la del sol, y los viajeros cayendo al suelo (v. 14). Pablo se quedó postrado, al parecer, en tanto que sus compañeros se levantaban (9:7). Una voz saliendo del resplandor dijo en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón» (26:14). Saulo le dijo: « ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (v. 15). «Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer» (9:6; 22:10). Los compañeros de Pablo oyeron algo (9:7), pero sólo él entendió lo que la voz decía (22:9). La luz dejó ciego a Pablo. Así, entró en Damasco conducido por la mano, y fue llevado a la casa de un cierto Judas (9:11), donde estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Estuvo orando (v. 9, 11), tratando de comprender el significado de lo que le había sucedido. Al tercer día, el Señor ordenó a Ananías, cristiano de origen judío, que se dirigiera a Pablo y que le impusiera las manos para que recobrara la vista. Ananías dudaba, porque temía al perseguidor. El Señor le dio seguridades revelándole que Pablo había sido advertido por una visión, y Ananías obedeció. Saulo confesó su fe en el Señor Jesús, recobrando la vista y recibiendo el bautismo. Con su energía característica, y para confusión de los judíos, se puso de inmediato a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.
En las epístolas, Pablo hace frecuente alusión a su conversión, que él atribuye a la gracia y al poder de Dios. Es cierto que no sólo se dignó Jesús dirigir la palabra a Saulo, sino que se le apareció. La forma de Su aparición no nos ha sido descrita, pero es evidente que fue gloriosa: el fariseo se dio cuenta de que el Crucificado era el Hijo de Dios. Habla de la «visión celestial»
Él afirma que su conversión se debió al poder y a la gracia soberana de Dios. Su misma experiencia religiosa contribuyó a hacer de él el gran intérprete del Evangelio, a proclamar que sólo por la fe personal en la obra expiatoria de Cristo justifica Dios al pecador.
5. Inicio de su vida cristiana.
Saulo empezó a anunciar el Evangelio. Su carácter enérgico le llevaba a ello, así como la revelación de los propósitos de Dios, que lo llamaba al apostolado. Predicó a Cristo en las sinagogas de Damasco. Los judíos de la ciudad, decidieron eliminar a Saulo. En lugar de volver a Jerusalén, se dirigió a Arabia, y volvió después a Damasco. Se desconoce el lugar de Arabia en el que estuvo Pablo, o el tiempo que se quedó, o lo que hiciera allí; lo probable es que se diera a la meditación y a la oración en soledad. Tres años después de su conversión fue de Damasco a Jerusalén para conocer a pedro. Los cristianos de Jerusalén tenían miedo de Pablo, y no creían que se hubiera convertido en discípulo de Cristo. Bernabé, presentó a Pablo a los apóstoles, y les relató su conversión y los sufrimientos que había tenido que sufrir a causa de su cambio radical. Los discípulos enviaron a Pablo a Cesarea
6. Saulo en Tarso y en Antioquia de Siria.
Es probable que la estancia de Saulo en Tarso durara de 6 a 7 años. Llevó a cabo una obra misionera y que fundara las iglesias de Cilicia, mencionadas en Hch. 15:41. Anunciando el evangelio en Tarso, es indudable que Pablo se atendría a lo que el Señor le había mostrado acerca del carácter de su ministerio
7. Primer viaje misionero de Pablo.
El Espíritu Santo reveló a los profetas de la iglesia en Antioquia que Pablo debía emprender un apostolado itinerante (Hch. 13:1–3); les ordenó asimismo que pusieran aparte a Bernabé y a Pablo para la obra a la que Dios los había llamado. Se desconoce la fecha precisa de este viaje. Tampoco se sabe cuánto tiempo duró. Bernabé, que era mayor, dirigía la misión, pero Pablo, más elocuente, se destacó pronto; Juan Marcos los acompañaba. El pequeño grupo se dirigió de Antioquia a Seleucia, en la desembocadura del Orontes. De allí se embarcaron hacia Chipre, país de origen de Bernabé. Los tres misioneros desembarcaron en Salamina, sobre la costa oriental de Chipre, y empezaron a predicar el Evangelio en las sinagogas. Pablo se embarcó hacia Asia Menor, llegando a Perge, en Panfilia, dirigiéndose al norte, entraron en Frigia, llegando a Antioquia de Pisidia. Los misioneros acudieron a la sinagoga, donde los principales les invitaron a hablar. Entonces Pablo pronunció el gran discurso registrado en Hch. 13:16–41.
El Evangelio se expandió por todo el país, pero las autoridades, alertadas por los judíos, expulsaron a Pablo y Bernabé (Hch. 13:50). Se dirigieron entonces a Iconio, donde hubo numerosas conversiones de judíos y gentiles, que partieron hacia Listra, y después a Derbe.
En Listra, Pablo curó milagrosamente a un hombre paralítico de nacimiento. Pablo fue lapidado, sacado de la ciudad, y dejado por muerto (Hch. 14:19). Sin embargo, Dios lo reanimó, y se dirigió con Bernabé a Derbe, volvieron de Derbe a Listra, a Iconio, a Antioquia de Pisidia, y a Perge, consolidando las iglesias y así finalizó el primer viaje misionero de Pablo, 9. Segundo viaje misionero.
Bernabé decidió no acompañar al apóstol, que se llevó consigo a Silas (véase Silas). Los misioneros visitaron al principio las iglesias en Siria y Cilicia, y después cruzaron los desfiladeros del Taurus con el fin de visitar las comunidades que Pablo había fundado durante su primer viaje. Pablo fue directamente a Antioquia de Pisidia, al norte, y que atravesó la provincia romana de Asia, pero sin predicar, porque «les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia» (Hch. 16:6) Pablo cayó enfermo, pero aprovechó esta detención en Galacia para anunciar el Evangelio y fundar las iglesias de Galaica. En Filipinos Pablo fundó una iglesia (16:11–40 Pablo se dirigió a Tesalónica. En esta ciudad el apóstol ganó para Cristo a muchos griegos. Pero los judíos de Tesalónica desencadenaron una persecución contra Pablo. Los hermanos lo hicieron partir entonces con Silas hacia Berea, donde la predicación suscitó numerosas conversiones, incluso entre los judíos. De allí, Pablo se dirigió a Atenas. Acto seguido partió para Corinto, quedándose allí dieciocho meses, y ganando a numerosas almas para la fe. De todas las misiones de Pablo, la de Corinto fue una de las más fructíferas. Acto seguido pasó a Éfeso; no se quedó allí, y se embarcó rumbo a Cesarea, desde donde sin duda fue a Jerusalén (Hch. 18:22) para saludar a la iglesia, volviendo de allí a Antioquia de Siria, el punto de partida de este segundo viaje (Hch. 18:22)
10. Tercer viaje misionero.
Después de una corta estancia en Antioquia, Pablo emprendió su tercer viaje, probablemente en el año 53 d.C. Recorrió «la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos» (v. 23), llegando después a Éfeso. El Espíritu Santo le permitiría ahora a Pablo predicar la Palabra en la provincia de Asia, en tanto que le había sido prohibido durante su segundo viaje. El apóstol hizo de Éfeso, capital de Asia Menor, su base de operaciones a lo largo de tres años (Hch. 19:8, 9; 20:31). Enseñó durante tres meses en la sinagoga (19:8), y después durante dos años en una escuela o sala de conferencias de uno llamado Tiranno (v. 9). Características de su apostolado en Éfeso:
Extensión y profundidad de su enseñanza (20:18–31); milagros extraordinarios (19:11, 12); un triunfo tan grande que todos los habitantes de la región oyeron la Palabra del Señor (v. 10); actitud amistosa de algunos de los principales funcionarios de la provincia de Asia para con Pablo (v. 31). El apóstol se dirigió a Macedonia (Hch. 20:1) De Macedonia, Pablo se dirigió a Corinto, pasando allí el invierno del 56 al 57, acabando de disciplinar y de organizar a la iglesia de esta ciudad. La siguiente etapa iba a conducirlo por última vez a Jerusalén. Sus compañeros representaban a diversas iglesias de gentiles convertidos (Hch. 20:4). Los judíos estaban ferozmente opuestos a la evangelización de los gentiles.
Enterándose de que los judíos le querían tender una celada (Hch. 20:3), renunciaron a embarcarse e ir directamente a Siria. Dieron un rodeo por Macedonia (20:3). Pablo se quedó en Filipos mientras sus compañeros se dirigían a Troas. Lucas se reunió con él en Filipos (v. 5). Después de la Pascua, Pablo y Lucas se embarcaron en Neápolis. Su nave llegó a continuación a Mitilene, en la costa oriental de la isla de Lesbos, pasando luego hacia el sur entre la isla de Quios y la costa de Asia Menor, tocó al día siguiente la isla de Samos, y llegó a Mileto al cabo de otros días (vv. 14, 15). Abandonando Mileto, la nave se dirigió hacia la isla de Cos (21:1), a 64 Km. al sur. Al día siguiente llegó a Rodas.
11. Pablo en Jerusalén; arresto; encarcelamiento en Cesarea.
Unos judíos de Asia, al ver a Pablo en el Templo, lo acusaron falsamente de haber introducido gentiles dentro, y amotinaron al populacho, afirmando que el fariseo tránsfuga había estado enseñando a los judíos de la diáspora a menospreciar el Templo y a violar la Ley (21:27–29). Pablo hubiera sido seguramente muerto si el tribuno de la compañía de guarnición romana, Claudio Lisias, no hubiera intervenido con presteza junto con sus soldados. El apóstol, atado con dos cadenas, fue llevado a la torre Antonia. Pidió entonces, antes de ser introducido en ella, permiso para dirigirse a la multitud. Sorprendido al constatar que Pablo hablaba en griego y que no era un egipcio sedicioso, sino un judío de Tarso (v. 38), el tribuno le permitió que se dirigiera al pueblo; el apóstol hizo su discurso en arameo (22:2), haciendo reminiscencias de su juventud, y refiriendo su conversión y vocación. La multitud que lo escuchaba empezó a gritar « ¡A muerte! ¡A muerte!» en cuanto Pablo hizo mención de la oferta de salvación a los gentiles. Lisias le hizo entrar entonces en la torre Antonia para someterlo a interrogatorio. Al saber que se trataba de un ciudadano romano (v. 25), el tribuno desistió de hacerlo azotar, y ordenó a los principales sacerdotes que convocaran al sanedrín al día siguiente para hacer comparecer ante ellos al preso.
Pablo no podía esperar ningún juicio equitativo de parte del tribunal supremo de los judíos. Si el sanedrín condenaba al prisionero, Lisias debería abandonarlo a sus manos. El apóstol tuvo la habilidad de dividir a sus enemigos, a fin de defender su vida. Recordó su calidad de fariseo, diciendo que en el fondo estaba siendo sometido a juicio a causa de su doctrina de la resurrección. El recíproco odio entre fariseos y saduceos era aún más profundo que el que ellos tenían hacia Pablo, por lo que de inmediato se dividieron en dos bandos. Temiendo que el preso pudiera perder la vida entre las dos facciones en pendencia, el tribuno ordenó a los soldados que devolvieran a Pablo a la torre Antonia (23:1–10).
El Señor se apareció a Pablo a la noche siguiente, y le dijo: «Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma» (v. 11). Esta promesa se iba a cumplir de una manera muy inesperada. Unos cuarenta judíos hicieron gestiones para que Pablo compareciera de nuevo ante el sanedrín. Se comprometieron a darle muerte, pero un sobrino de Pablo informó a su tío y al tribuno (vv. 12–22). Lisias envió entonces a Pablo con una fuerte escolta a Cesarea, residencia de Félix, el procurador, a quien el tribuno envió una carta. Enterándose de que el acusado era un judío de Cilicia, el gobernador no lo quiso interrogar antes de la llegada de los acusadores, y lo hizo guardar en el pretorio, que había sido antes el palacio de Herodes. Cuando los representantes del sanedrín comparecieron ante Félix, acusaron a Pablo de sedición, de profanación del Templo, y se quejaron de que Lisias les había arrebatado a su prisionero (24:1–9). Pablo refutó estas acusaciones (vv. 10–21). Conociendo la nueva doctrina, que era la verdadera causa del litigio, y dándose cuenta de que el acusado era inocente, Félix aplazó la vista de la causa con el pretexto de obtener de Lisias unos informes suplementarios. Pablo quedó preso, pero podía recibir visitas de sus amigos. El procurador y Drusila, su esposa judía, quedaron impresionados por lo que Pablo afirmó acerca de la fe en Cristo (v. 24). Sus solemnes palabras parecen haber hecho temblar a Félix, que prometió volverlo a llamar. El gobernador esperaba también que Pablo comprara su libertad (vv. 25, 26), a lo que el apóstol no accedió. Cuando Porcio Festo sucedió a Félix, hacía ya dos años que Pablo estaba encarcelado (v. 27).
Pablo compareció de nuevo ante ellos, y proclamó su inocencia (vv. 7, 8). Deseoso de complacer a los judíos, Festo propuso a Pablo ser juzgado en Jerusalén. Dándose cuenta de que los judíos se aprovecharían para darle muerte si subía a Jerusalén, el apóstol, basándose en su condición de ciudadano romano, apeló al César (vv. 9–11). El procurador, al quedar con ello fuera de la causa, tenía que enviar al preso a Roma. Festo habló a Agripa acerca de Pablo, que quiso oírle. Al día siguiente, el procurador hizo comparecer a Pablo ante el rey. El conocimiento que tenía Agripa de los asuntos judíos sería de ayuda a Festo para redactar su informe al emperador (vv. 12–27). Las características de la defensa de
Pablo ante Agripa fueron el tacto, la elocuencia y el valor. Dando un relato de su vida, el preso mostró que él había buscado obedecer al Dios de Israel, y que su apostolado cristiano era un cumplimiento de las antiguas profecías (26:1–23). Cuando Festo, interrumpiendo a Pablo, le dijo que estaba loco, el apóstol apeló a Agripa. El rey se encastilló en su papel de observador de lo que estimaba como un nuevo fanatismo, y respondió irónicamente: «Por poco me persuades a ser cristiano» (v. 28). Sin embargo, dijo que Pablo era inocente, y que hubiera podido ser puesto en libertad si no hubiera apelado a César (vv. 31, 32).
12. Viaje a Roma.
En otoño del mismo año probablemente el 59, el preso fue mandado a Roma. Pablo y otros cautivos fueron confiados a un centurión llamado Julio, de la cohorte augusta. El grupo se embarcó en Cesarea en una nave adramitena, que iba a efectuar una navegación de cabotaje por la costa del Asia Menor. Embarcaron en Sidón, y llegaron a Mira, en Licia.
Se hacía peligrosa la navegación, y el tiempo era amenazador. Pablo dio el consejo de permanecer en Buenos Puertos, pero el centurión escuchó al capitán y al armador de la nave y no al prisionero. Querían invernar en Fenice, un puerto mejor situado, más al oeste en la costa de Creta (vv. 9–12). Cuando la nave abandonó Buenos Puertos se abatió sobre ellos un furioso viento del noreste, que los echó hacia el sur de la islita de Clauda, que se llama actualmente Gozzo. Aligerando la nave de todo el lastre posible, soportaron el vendaval durante dos semanas, derivando hacia el oeste. El apóstol mantuvo la calma y subió los ánimos de la tripulación y de los pasajeros: un ángel de Dios se le había aparecido y le había asegurado que todos llegarían a tierra sanos y salvos (vv. 13–26). A la decimocuarta noche, la sonda reveló la proximidad de tierra. Por miedo a los escollos, echaron cuatro anclas, y esperaron que se hiciese de día. Al alba, vieron una ensenada con una playa. Habiendo cortado los cables de las anclas, intentaron llegar allí izando la vela de proa, para varar la nave en la arena (vv. 27–40), pero la proa había quedado encallada en la arena, y la popa se abría ante el embate de las olas. Tripulación y viajeros saltaron al agua.
Todos se salvaron. La predicción de Pablo se había cumplido (vv. 41–44). Lucas relata de una manera magistral este dramático episodio. El valor de Pablo, su fe, el ascendiente que su calma ejerció sobre los demás, todo ello nos muestra lo que debiera ser el comportamiento de un cristiano ante el peligro.
Tres meses más tarde, el centurión hizo subir a soldados y presos a una nave alejandrina. Pablo recibió permiso para pasar siete días con la comunidad cristiana de Puteoli. Al enterarse de la llegada del apóstol, los cristianos de Roma enviaron a hermanos a su encuentro. Pablo se encontró con ellos en el Foro de Apio y en Tres Tabernas, no se sabe quién fue entregado Pablo; lo que sí es cierto es que le fue encadenado el brazo derecho al brazo izquierdo de un. Después de dos años, Pablo esperaba aún la decisión del tribunal (Hch. 28:30).
14. Última detención y martirio.
El primer cautiverio en Roma acabó probablemente el 62 (o 63) d.C. Pablo se habría lanzado en seguida a predicar el Evangelio durante cuatro años, más o menos. Eusebio sitúa el martirio del apóstol en el año 67 en tanto que Jerónimo afirma el 68. Se desconocen las circunstancias de su segundo arresto. La segunda epístola a Timoteo, redactada en Roma poco antes de la muerte de Pablo. El iba a comparecer de nuevo ante el tribunal en Roma.
Pablo no tenía consigo más que a Lucas (2 Ti. 4:11). Había sido abandonado por ciertos discípulos (1:15; 4:10, 16), otros habían partido para efectuar diversos servicios (vv. 10, 12). El tribunal imperial ante el que Pablo compareció de nuevo no lo condenó en el acto (v. 17), pero lo mantuvo encarcelado. Es posible que el apóstol pudiera probar su inocencia, pero quedó encarcelado por causa de su fe. Pablo fue finalmente condenado a muerte; su profesión de fe cristiana era suficiente para ello. La tradición dice que Pablo, como ciudadano romano, fue decapitado en la carretera de Ostia.
De la vida de Pablo se basa en los Hechos y en las epístolas, es evidente que no se ha relatado todo. Hay textos que dejan entrever varios otros episodios de la azarosa vida de Pablo.
CONCLUSIÓN:
Pablo fue perseguidor de la iglesia y más tarde convertido a cristo cerca de Damasco, lo cual lo llevo a predicar el evangelio a muchos lugares. Su vida pasó de ser perseguidor a ser perseguido por amor a cristo.
OPINIÓN PERSONAL:
Impresiona bastante como de ser perseguidor pasa a ser SANTO (apartado por Jesucristo)
Hizo un largo recorrido y tuvo breves experiencias para ser un apóstol de Dios.
POR: FRANCISCO JAVIER CURSO: 3º
5 de diciembre Plaza Congreso
El sábado 5 de diciembre, en el marco de la Semana Internacional de la Lucha contra el Sida, Rock&Vida realizará su concierto anual en la Plaza Congreso (C.A.B.A), como cierre de la campaña de prevención e información “Sé positivo. Sumate a la causa”. Frente al Palacio Legislativo, desde las 18, se presentarán la legendaria banda de rock Rescate junto a Skapaltata y el power trío Vasta Rabia. La entrada será un alimento no perecedero y lo recaudado se distribuirá en instituciones que asisten a personas infectadas con VIH.
Rock&vida participó este año del Segundo Congreso Nacional de Sida realizado en la Ciudad de Salta, que reúne a organizaciones sociales del mundo que trabajan en la lucha por detener la pandemia y entre 36 organizaciones no gubernamentales de todo el país, fue galardonado como mejor stand del congreso. Rock&vida trabaja a diario en la lucha contra el Sida, llegando con información y charlas de concientización a escuelas, universidades, cárceles, hospitales, comedores, instituciones deportivas y zonas de riesgo, con el fin de educar, informar, prevenir y motivar a niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
El martes 1 de diciembre, Rock&Vida organizará una caminata al Obelisco con exposición de carteles preventivos, entrega de folletos y magazines y la realización de encuestas. Además, en el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, Rock&Vida tendrá su presentación en la Plaza Independencia, provincia de Mendoza, con la participación de las bandas Hugonotes y Exit; el concierto ha sido declarado de interés provincial. Durante la edición 2007, 100 mil personas asistieron a Rock&Vida en los bosques de Palermo y 50 mil se unieron a la convocatoria en Plaza de Mayo, en 2008 (ambos en Capital Federal).
Este año el desafío se renueva para que muchos más se sumen a la causa. Estar comprometido con la gente implica llamarnos a la responsabilidad que nos toca asumir. Por eso R&V trabaja procurando lograr de Argentina un país de transmisión cero.
Este 1 y 5 de diciembre asumí el compromiso vos también. Sé positivo. Sumate a la causa.
+ Info http:// www.rockandvida.com.ar
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