HUDSON TAYLOR
Título: Hudson Taylor
Autores: Janet y Geoff Benge
Editorial: Jucum
Número de páginas: 187
Descripción de personajes principales:
Hudson: Bajito, de ojos azules y pelo rubio; buena persona y con mucha fe. Fue de misionero a la China. Vivía en Barnsley, Inglaterra.
Sr. Taylor: Es el padre de Hudson, y dueño de una farmacia que Hudson iba a heredar.
Sra. Taylor: Madre de Hudson. Fue a casa de su hermana y oró varias horas para que su hijo creyera en Dios.
Amelia: Hermana y muy amiga de Hudson, por el cual oró tres veces al día por su relación con Dios.
Descripción de personajes secundarios:
Louisa: Hermana pequeña de Hudson.
John Taylor: Primo de Hudson, intercambiado por Amelia porque a ella le buscaban un colegio y él ya había terminado sus estudios.
Marianne: Maestra de Amelia. Iba a casarse con Hudson, pero su padre no se lo permitió porque no quería que Marianne se fuera a China.
Capitán Morris: Capitán del barco Dumfries.
Capitán Bell: Capitán del barco Lammermuir
María: Esposa de Hudson. Tuvo cinco hijos: Grace, Herbert, Howard, Samuel y María, pero Grace murió de meningitis.
Resumen excautivo del libro:
Todo empieza con la lectura de la Biblia de cada mañana que leía su padre. Hudson no era cristiano y le aburría la lectura de la Biblia. En ese momento tenía ya dieciséis años y dos hermanas de doce y ocho años.
Cuando el señor Taylor terminó de leer y de orar, le dijo a Hudson que quería ver sus ojos porque tenía problemas con ellos.
Bajó a la farmacia de su padre en el sótano (que Hudson estaba siendo llamado a heredarla) y se sentó. Después su padre vio que los tenía inflamados y le dijo que la única solución sería reposar. Así que de trabajar en el banco. No era justo. Y desde que su hermano menor William y el entonces benjamín, Theodore murieron sus padres se habían vuelto cautelosos.
Él heredaría la farmacia pero prometió que él no leería la Biblia por las mañanas ni oraría por sus hijos.
En junio de 1849 pasaron dos actos coincidentes. El primero fue que Amelia anotó en su diario que oraría para que Hudson se reconciliara con Dios. El segundo ocurrió un mes después: su madre se fue de viaje varias semanas a la casa de su hermana, a unos 75 Km., y una tarde que tenía libre la dedicó a orar por su hijo.
En esa misma tarde Hudson iba a leerse un buen libro en su escondite preferido, pero se los había leído todos, así que cogió un folleto de religioso desconocido y lo leyó.
En la casa de su hermana, su madre oraba por su hijo hasta que una paz la invadió. Sabía de alguna manera que Hudson se había convertido al cristianismo. Y así fue.
Sus padres buscaban un buen colegio para Amelia y decidieron llevarla al internado que dirigía su tía Hodson en Barton-upon-Humber, a unos 70 Km.. Además la tía Hodson pensaba en qué hacer con su hijo John, así que John fue a vivir con los Taylor. Hudson estaba desesperado pero siguió orando y leyendo la Biblia. En ese momento, Dios le reveló una palabra muy importante: China.
Hudson sabía que estar preparado. Hudson se puso a estudiar chino con su primo John buscando palabras que coincidiesen en dos pasajes distintos y buscarlos también en chino. Después los anotaban y memorizaban.
Luego se enteró de que el pastor de la iglesia Congregacional de su pueblo tenía un libro llamado China, Its State and Prospects de Walter Medhurst y se lo pidió.
Más tarde Amelia volvió, pero no sola, sino que vino con su maestra de música, Marianne, y Hudson se enamoró de ella. Y los tres pasaron el verano montando a caballo, cantando y riéndose, hasta que Amelia y Marianne tuvieron que volver a Barton-upon-Humber. Después, Hudson iba a ser el ayudante de Robert Hardey, el cuñado de su tía Hannah. En su decimonoveno cumpleaños subió a un tren que iba hacia Hull.
A Hudson no le costó mucho aprender el oficio, pero le quedaba mucho por aprender. Todos los domingos iba a la Iglesia y visitaba a Amelia y Marianne.
Luego había carteles por toda Inglaterra que anunciaban La Gran Exposición en Londres. En ella había muchas cosas extrañas, pero lo más impresionante fue el Palacio de Cristal. Hudson además fue a Londres para escuchar a Wilhelm Lobscheid, el cual le dijo que no podía ir a China por su pelo rubio, ya que no le escucharían y se rió. Pero él siguió confiando en Dios.
Lo bueno fue que pudo conocer al Sr. Pearse y a otros de la Sociedad para la Evangelización de China.
El Dr. Hardey le dijo a Hudson que necesitaba su dormitorio y se fue a vivir con su tía Hannah y su tío Richard, hermano del Dr. Hardey. Hudson pensó que debía pagar el diezmo a Dios, pero si lo daba, ¿cómo pagaría el alquiler? Así que decidió buscarse un lugar más barato para vivir, pero descubrió que solo podía pagar una habitación en «Drainside»¹. Así que acabó alquilando una habitación a la Sra. Finch -que era una mujer cristiana-.
El Dr. Hardey era el que le pagaba el salario y los gastos de estancia cada cuatro meses. El dinero siempre escaseaba. Sólo le faltaban dos semanas para el pago. Pero el Dr. Hardey se retrasó una semana en el pago, porque Hudson no le dijo nada confiando en que Dios se lo recordaría. Él solo tenía una moneda de media corona.
Al día siguiente, en el camino de vuelta desde la iglesia. Se encontró con un hombre desconocido que le dijo que su mujer se moría. Cuando llegaron Hudson iba a orar, pero se atascó y le dio todo el dinero que tenía (su media corona). A la mañana siguiente vino el cartero y trajo una carta que contenía unos guantes y diez chelines, pero dos semanas después volvía a tener media corona. El sábado debía pagar el alquiler, y cuando el Dr. Hardey vino ha hablar se acordó del dinero pero no podía pagarlo hasta el lunes porque lo había dejado en el banco. El Dr. Hardey se fue y Hudson se oró y, a las 10 de la noche , abrió la puerta repentinamente y muy feliz porque uno de sus clientes le quería pagar unos honorarios que le debía, pero no en cheque, como hacía siempre, sino en efectivo. Luego recordó que le tenía que dar el dinero a Hudson y se lo dio, además de decirle que se encontró con un hombre que le dijo que le diera las gracias a Hudson porque su mujer se había curado.
A comienzos de septiembre de 1852 iba en un barco con destino a Londres y se quedó en casa de su tío Benjamín dos semanas. Su primo Tom le ofreció una habitación donde dormir y se inscribió a clases de cirugía en el Hospital de Londres en Whitechapel. Encontró la forma de ahorrar dinero, sólo con una barra de pan, dos manzanas y agua al día.
La Sra. Finch le pidió que fuera a por el salario que le enviaba su marido, pero no podía porque estaba estudiando, así que le envió su dinero y en unos tres días recogería lo que quedaba. Pero su marido dejó de trabajar para la compañía naviera y se dedicó a buscar oro, así que Hudson no podía recuperar su dinero. Luego, mientras se cosía un cuaderno se pinchó en el dedo, pero se olvidó de ello.
Mientras estaba en clase se sentía enfermo y el cirujano encargado le dijo que se había infectado con el bisturí en una disección de un hombre muerto por fiebre maligna. Hudson se fue a su casa y pidió agua caliente a la sirvienta y luego metió el dedo en el jarrón de agua caliente y hizo una incisión en el dedo del pinchazo de la noche anterior para extraer la infección.
Cuando recobró el sentido vio a su tío Benjamín arrastrándole hasta la cama. Un médico le afirmó que tenía la fiebre maligna. Si hubiera bebido y estado en juergas se hubiera muerto. Luego se desmayó unas cuantas veces pero al final se puso bien. Pero después oró y tuvo la sensación de que debía de ir a la compañía naviera, que estaba a 3 Km.. Así que pidió que le trajeran el bastón y el sombrero y se fue para allá lentamente. Al final el Sr. Finch era otro hombre que se apellidaba igual. Era todo una confusión, y le devolvió el dinero.
Hudson volvió a su casa y no tardó en recuperarse. Un día, Hudson pidió casarse a Marianne y ella y su padre le dijeron que sí. Después se quedó a vivir con el Dr. Brown y su esposa.
A menudo Marianne visitaba a Hudson y una vez le dijo que no podían casarse porque su padre no quería que su hija se fuera a China para no volver.
Al fin llegó el 19 de septiembre de 1853, su barco, Dumfries, estaba en el puerto y Hudson se montó. Cuatro días después empieza una tormenta, la cual les dio a la tripulación dos semanas de reparación del barco. Durante el viaje, en una ocasión no había viento y había un arrecife, pero los cuatro cristianos del barco oraron y de pronto salió una ráfaga de viento. Al fin llegaron a China después de cinco meses y medio de viaje. Y pasaban por al lado un junco chino con chinos y un inglés, quién les dijo que por culpa de la niebla se debían quedar todo el día en el barco, y quizás el día siguiente también. Cuando la niebla desapareció, tuvieron que anclar de nuevo en Woo-sung, cerca del río Hwang-poo, porque la niebla apareció de nuevo.
Como Hudson era el único pasajero lo llevaron en el junco. El 1 de marzo de 1854, pisó tierra china. Y llegó al Consulado Británico, donde preguntó por el Dr. Medhurst y luego le preguntó a un sirviente y le dijo que se marchó, pero Hudson no entendía muy bien. El Dr. Edkins le llevó a casa del Dr. Lockhart, donde le ofreció una habitación. Al final encontraron al Dr. Medhurst entre la guerra.
Luego llegaron los Parker, otra familia creyente. Después de repartir algunas Biblias llevaron a Hudson y a John Burdon ante el mandarín Ch’en Ta Lao-ie-el Venerable gran abuelo Ch’en y le ofrecieron té.
Después cambiaron a Hudson para que pareciera más a un chino de verdad.
En marzo de 1856, a bordo del Geelong, se dirigía a Swatow y alquiló una habitación allí.
Decidió hacer una clínica, pero los utensilios y medicamentos estaban en Shanghai y nadie le dijo que el almacén había sufrido un incendio, por el cual se quemaron sus cosas, y luego fueron a Ning-po para ver si el Dr. Parker podía darle las cosas necesarias.
Después Hudson conoció a María con la que se casó el 20 de enero de 1858. En julio nació Grace Dyer Taylor, Hudson tenía que trabajar en el hospital del Dr. Parker. Hudson pidió dinero y luego llegó una carta con un cheque. Después de 6 años en China, a los 28, tuvo que volver porque tenía tuberculosis en el Jubilee y llegaron a finales de noviembre de 1860. Se dirigieron a casa de Amelia y su marido Benjamín Broomhall, donde también estaba Louisa. Más tarde nacieron tres hijos más: Herbert, Howard y Samuel.
Hudson dirigió un grupo de misioneros a China en el Lammermuir. El 25 de mayo de 1866, el barco partió con el primer grupo de misioneros de la Misión la Interior de China. Hudson oró por todos los que iban en el barco.
En el barco hubo otra tormenta, pero al fin llegaron a China, con la bienvenida de William Gamble.
Hudson bautizó al Sr. Burton en el río antes de regresar a Shanghai. Nació otra hija, llamada María, con la cual ya eran cinco hermanos, aunque Grace murió por meningitis.
Los lugareños pensaban que se querían comer a sus hijos, primero fueron unos cien, pero cada noche, el número de gente crecía hasta que eran unos diez mil.
Fueron otra vez con el mandarín y todo se arregló.
Al final de la historia envían a Herbert, Samuel y María a Inglaterra; Charles (también era hijo de María) se fue con sus otros hermanos. El 7 de julio de 1870 nació Noel, pero él y la mujer de Hudson murieron. Amelia tenía ya diez hijos. Hudson viajó a Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos. Hudson tenía 73 años, cuando, el 3 de junio de 1905, murió. En su lápida ponía «Hudson Taylor, un hombre en Cristo».
Descripción de la época Histórica a la que se refiere: En el siglo XIX y principios del XX (1848-1905)
Opinión personal: Este libro me ha parecido bastante interesante, pero a la vez demasiado largo. Creo que Hudson vio demasiadas muertes y alejamientos. Pero me impresiona como puede tener tanta fe Hudson con Dios y como tuvo tanta paciencia y como Dios le ha estado ayudando mutuamente.